domingo, 17 de junio de 2012

De cerros y Mar.


Las aves danzan al ritmo del viento mientras un hombrecito de pies descalzos avanza hacia la luz de un sigiloso amanecer. Las dudas han quedado atrás junto a los miedos y preocupaciones que algún día rondaron en su cabeza. Sus pasos son firmes y avanza con gran rapidez, ha de querer encontrarse pronto con su destino, quizás sea algo que ha deseado durante mucho tiempo y esta a pasos de encontrarse con el. Parece sereno, disfruta el susurro del viento desvanecerse en sus oídos, observa detenidamente el despegar de las aves para emprender el vuelo, siente y percibe las energías que el mundo esta a portas de depositar en su interior. No piensa, no razona, solo camina.
El sol se asoma a pasos gigantes, mientras descubre enormes cerros a su alrededor. No hay nada que impida su andar, solo sigue su camino y comienza a atravesar esas enormes superficies de tierra que para el son interesantes. Cae sin miedo mas de mil veces, ni sus pies heridos de tanto andar hacen que se detenga mientras una sonrisa se dibuja de a poco en su cara. Levanta la mirada tímidamente desconociendo saber donde se encuentra, lleva horas caminando pero sabe muy bien lo que desea encontrar.
Al fin ha llegado, se acerca lentamente, disfrutando cada instante que sus pies hacen contacto con el agua, de a poco se sumerge hasta encontrarse tapado por completo, el agua salada le permite salir a la superficie por aire para volver a adentrarse en un mundo donde no hay limites, donde su cuerpo se expresa libremente, donde las aves que vio en algún momento danzar se dejan caer para encontrar su alimento. Ahí donde terminan los cerros y comienza el mar. 

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