Respiro lentamente mientras un aire cálido penetra en mi interior, hay paz, hay tranquilidad, hay felicidad.
El sol esconde sus rayos y la luna aparece tan radiante como cada noche.
No ha cambiado nada, el ciclo de la vida sigue tal y como debe ser.
¿Que ha pasado? he crecido, he caído y he aprendido.
Al viento escribo y quizás sin ningún sentido.
Al cielo pido sin saber quizás si seré escuchado.
Algo hay, algo se esconde tras esa enorme manta de color celeste que cubre el origen donde radica nuestra vida.
Los días pasan y seguiré tropezando, no importa cuantas veces lo haga ya que es necesario.
El tiempo avanza y no vale oro, el tiempo es vida y debo disfrutarlo.
Las hojas caen al rededor de los árboles y yo caigo frente a ti.
Tu, el que me guía y escucha mis palabras sordas.
Tu, el que me sigue incondicionalmente y se preocupa de mi.
A ti te debo lo que soy y en lo que me he convertido.
Un ser de luz.
Quiero avanzar y mis pies se tropiezan una vez mas.
Vuelvo a caer y ahí estas para cobijarme en tus brazos.
Brazos que desconozco por cierto.
Pero me basta saber que existen y así caer libremente.
La luna se esconde y con ella el fracaso.
El sol vuelve a brillar cada mañana como si volviéramos a nacer.
El éxito despierta con sueño pero a lo largo del día se ha de recomponer nuevamente.
Mis ojos dan gracias de volver a mirar.
Mis oídos felices de volver a escuchar.
Mis labios mudos anuncian sus primeras palabras
Mientras yo comienzo a brillar.